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Familia sin estrés, construyendo el bienestar en el hogar

Para nadie es extraño que en la actualidad vivimos en una sociedad que en general es bastante estresante. Nuestro ambientes y responsabilidades laborales, entre muchas otras, nos demandan tiempo y energía. El ritmo agitado, la cantidad de tareas a realizar, las demandas de nuestras relaciones familiares y sociales junto al bombardeo constante de información pueden generarnos altos niveles de estrés. Cuando niveles no funcionales de estrés aparecen en nuestra vida varias áreas de la misma pueden verse afectadas. Una de dichas áreas es la dinámica de las relaciones que tenemos con nuestra familia.



Fuentes de estrés para tu familia


Desde la investigación dentro del ámbito familiar se ha redefinido la concepción del bienestar y la salud en la familia. Ya no equivalen a la suma del bienestar de sus miembros, sino como la interacción y equilibro entre diversos factores.


Investigadores y teóricos como González Benítez (2000) sostienen que el contexto psicosocial/cultural, las presiones socioeconómicas, las etapas del ciclo de desarrollo de los miembros de la familia y las dinámicas en las relaciones internas entre otras, son generalmente las principales fuentes de estrés de una familia.


En cada uno de los elementos mencionados anteriormente pueden generarse estímulos y experiencias estresantes que necesitamos aprender a manejar. Castellanos (1997) muestra que existen determinantes sociales que pueden afectar la salud y por lo tanto otras áreas de la vida.


Una de estas áreas es la familia. Con nuestra familia convivimos pasando gran cantidad de tiempo además de compartir un espacio común. Al llevarnos el estrés del mundo externo hacia el interior del núcleo familiar lo más probable es que se generen muchos conflictos. Si el estrés está presente en nuestras relaciones, en especial en la familia, y no sabemos manejarlo, la relación, comunicación y ambiente de nuestro hogar se deteriorará.



Tu familia estará mejor si tú estás bien


El estrés funciona sobre varios componentes como nuestros pensamientos, el funcionamiento y características de nuestro organismo o nuestras respuestas emocionales.


Lazarus (2000) argumenta que altos niveles de estrés, de no ser manejados correctamente, pueden afectar desde la salud corporal hasta nuestras emociones y relaciones.


Lo primero sobre lo que tienes control es sobre ti mismo. Por eso, intenta primero alcanzar un nivel de bienestar desde el cual puedas aportarle a tu familia. Si tú estás bien, tu familia lo notará y así algunos cambios pueden empezar a fomentarse. Tu cambio hará que la dinámica familiar también se movilice para bien.



Otras herramientas para ti y tu familia


Kareaga (2002) además de mencionar varias estrategias para manejar el estrés menciona las 4 maneras más comunes en las que solemos hacerlo.


La primera es intentar cambiar la situación estresante de manera activa. La segunda es cambiar la forma en la que evaluamos o pensamos acerca de la situación. La tercera es descargar las emociones o intentar relajarse, y la cuarta es distorsionar las situaciones, negarlas o distanciarse de ellas. Cada situación merece una respuesta particular y saber que tenemos alternativas hace que enfrentemos el estrés de manera más eficiente.


Algunas de las estrategias mencionadas por Kareaga son, por ejemplo, la relajación muscular progresiva o entrenamiento endógeno. Aquí se trabaja con secuencias de tensión y relajación de diferentes grupos musculares y así lograr distensionar y relajar. Esto ayuda con tensiones musculares, fobias, insomnio y ansiedades asociadas a estímulos o situaciones específicas.


También menciona la meditación, el trabajo con la respiración y las herramientas del mindfulness para lograr calma. Estas herramientas sirven también para aprender la autoregulación tanto fisiológica como mental, y así encontrar calma. Luego de alcanzar algo de serenidad y tranquilidad, afrontar constructivamente las situaciones cotidianas y convivir mejor en familia.


Otros consejos comunes y muy útiles son tener una alimentación balanceada, disminuir el consumo de azúcares refinadas y de cafeína, y cuidar los hábitos de sueño. El ejercicio regular, especialmente el cardiovascular, suele ayudar bastante al igual que prácticas como el yoga. Date algo de tiempo para el ocio y para realizar actividades que disfrutes. No todo tiene que ser responsabilidad y trabajo. Intenta tener nuevas experiencias de vez en cuando. Comer algo nuevo, aprender alguna habilidad, descubrir otro género de cine o escuchar nueva música. Salir de una aparente monotonía puede liberarte de mucho estrés.



Familia y trabajo, logra un equilibrio


Una de las condiciones que contribuyen a la aparición y al mantenimiento del estrés es la dificultad de lograr un balance. Hablamos de un balance armónico del tiempo, atención y energía que le dedicamos a las distintas áreas de nuestra vida.


El ritmo y las responsabilidades, principalmente laborales, nos demandan tanto tiempo y recursos que vivimos afanados y solemos dejar de lado a la familia restándole tiempo o calidad a los momentos que compartimos con ella.


Reconoce que tu familia es un sistema complejo, y así como te da muchas cosas también tiene sus necesidades. Además de lo material, como techo, comida, ropa, etc. tu familia necesita apoyo emocional, una sensación de confianza, cariño y recuerdos valiosos para construir y fortalecer los vínculos entre miembros. Si estamos estresados es mucho más difícil que estemos motivados o con la disposición de satisfacer estas necesidades.


Intenta ser consciente y honesto con tu tiempo. Reconoce que es lo absolutamente indispensable en tu trabajo y así poder abrir espacios para compartir con tu familia. Si el tiempo del que dispones aún es corto luego de ese ejercicio no hay problema. En lugar de cantidad da mucha más atención a la calidad. Crea o encuentra espacios o actividades que requieran poco tiempo pero que construyan recuerdos compartidos valiosos para tu familia. Comer juntos y compartir experiencias, opiniones frente a algún tema o sus intereses personales podría ser un nuevo hábito.


Regálate un momento de honestidad y descubre lo que has descuidado y lo que tu familia realmente necesita. Cuando lo tengas claro se creativo para crear espacios para compartir con tus seres queridos. Intenta, aunque sea por poco tiempo, conocer el mundo y los intereses de tus hijos, padres o pareja, deja que ellos te guíen y te muestren sus horizontes a su ritmo, puede que sea un gran viaje.

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